
Rennert compró el complejo metalúrgico de la Oroya en 1997, para procesar concentrados donde las impurezas son altas y sobrepasan los límites establecidos, con el propósito de sacarle valor comercial; este componente trae consigo graves peligros para la salud humana (casi todos los niños residentes están contaminados con niveles de plomo inaceptables, y ni halar de los obreros), pero si bien es cierto también genera grandes utilidades en un país como el Perú donde el gobierno como siempre ha sido enclenque e incapaz para hacer cumplir las normas de responsabilidad social mínimas que esta empresa debería de haber respetado.
Y es que de ninguna manera el estado debería darle el salvataje utilizando los recursos de los peruanos. En todo caso debería de ayudar al 20% de peruanos que siguen viviendo en pobreza extrema.

